Yace un niño sentado en la banca más apartada de un parque, él sostiene lápiz y papel y luce pensante, incluso distante. Una gran curiosidad me embarga y me inquieta, quiero saber qué tiene, qué hace, qué hay en esa mirada apartada de la realidad.
Me acerco y al parecer no se percata de mi presencia, su desinterés me intriga. Echo un ojo a lo que hay en el papel y, textualmente, decía lo siguiente:
Pido a Dios me de la facultad de distinguir lo bueno de lo malo
Ahora mismo no sé qué pude haber hecho para que me tome así
Le cuento algo que a mi parecer era bueno y termina molestándola
Acabo callado sin saber qué decir, no quiero lastimarla ni enfadarla
Busco la manera pero mi pobre cerebro no da para mucho
Río o sonrío por que está en mi naturaleza
Aunque debo aclarar que siempre he sido sincero con ella
Son solo algunas palabras las que me hacen pensar y me lastiman.
Encuentro muy interesante para mí el texto que aquel niño escribió sobre el papel. Volteo para ver su rostro y se me hace familiar. ¡Soy yo! o por lo menos aquel que vive en mi mente.
Voy tratando de recordar y enlazar momentos por los cuales pude haber hecho ese mapa mental representado por ese texto, y doy al fin con la razón.
"Ya me estás decepcionando, saliste muy defectuoso"
Solo son palabras, en realidad no me insulta, me hace ver como soy y es lo más sincero que me han dicho, es verdad, soy defectuoso, estoy defectuoso, tengo muchos defectos, lo que me hiere es lo primero, mi único objetivo es nunca decepcionarte, hacerte sentir que a mi lado podemos hacer cosas grandes (como aquel desastroso día comentamos) y el que me digas que mi temor se está materializando, que "ya te estoy decepcionando" me hace sentir miserable.
Y aquí estoy... intentando separarme del sufrimiento que a tu lado iba superando.
-SD
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